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Si hay vida, hay esperanza: Un joven, atrapado en su propio cuerpo

Si hay vida, hay esperanza: Un joven, atrapado en su propio cuerpo

Cristian David González Rotela (41 años) estaba lleno de sueños y planes. Desde hace casi 4 años, su vida está suspendida en el silencio de una cama, en estado vegetativo, sin poder comunicarse ni moverse, pero su familia sigue aferrada a la esperanza de que pueda algún día volver a ser ese muchacho alegre, servicial y amoroso. Mediante el convenio social de la ITAIPU Binacional, este padre de familia recibe apoyo y asistencia médica en la Fundación Tesãi. Una historia de lucha y esperanza, que nos enseña el valor del amor y la fe a prueba de todo.

☑️ Convenio social

Sus tres hijos, una esposa y dos maravillosos padres, Isidro González y Nancy Rotela, todos cuidan de Cristian las 24 horas del día. Cada jornada es una batalla ganada, una victoria contra el tiempo. Desde hace tres años y medio es paciente encamado, beneficiado con el convenio social de la ITAIPU Binacional, una importante ayuda con COSTO CERO que de alguna manera busca mitigar el dolor de la familia González Rotela.

Con periodicidad, una ambulancia de la Fundación Tesãi, eje social de la ITAIPU Binacional se traslada a su domicilio en Ciudad del Este, acompañado de paramédicos y enfermeras que siguen conmovidos por su caso como el primer día. Lo traen y lo llevan con todos los cuidados necesarios para un control y monitoreo, además la realización del procedimiento de gastrostomía a cargo de un equipo médico encabezado por el Dr. Carlos de Jesús Galeano Aquino, especialista en Gastroenterología y Endoscopía Digestiva.

☑️ Todo cambio con el COVID-19

Todo marchaba bien, hasta que sucumbió a las fauces del COVID-19 en junio de 2021, enfermedad que lo dejó postrado por meses en terapia intensiva con serias complicaciones de salud. Un paro cardiorrespiratorio le provocó hipoxia cerebral, lo que cambio su vida para siempre con daños neurológicos irreversibles.

“Después del paro cardiorrespiratorio tuvo un diagnóstico de hipoxia cerebral, o sea le faltó oxígeno en el cerebro provocándole daños gravísimos que lo dejaron en esta condición, prácticamente en estado vegetativo”, refirió.

☑️ Las ganas de vivir

En su normalidad, Cristian fue siempre un apasionado del trabajo, dedicado a su familia, lleno de vida y energía para emprender, le encantaba ser payaso y todo lo que tenga que ver con entretenimientos infantiles lo que le permitió abrir un negocio del ramo de decoraciones, según nos cuenta su orgulloso padre. “Mi hijo estando sano era un muchacho inteligente, íntegro, animador de fiestas infantiles, trabajaba como payaso, tenía un pequeño negocio de decoración que le iba muy bien. Le tomó el COVID-19 muy fuerte, lo dejó muy mal y la recuperación se hizo muy difícil desde entonces”, explicó con la voz entrecortada, Don Isidro González.

☑️ Fe y Esperanza

La familia González Rotela, agradece a Dios por haber puesto en su camino a personas e instituciones de buen corazón que de alguna manera ayudan a paliar las muchas necesidades existentes, porque sus vidas tuvieron un viraje radical.

“Gracias a la ITAIPU hoy tenemos una institución como la Fundación Tesãi, que ayuda a tanta gente, que no nos desampararon ni un segundo. Esta administración ha demostrado que se le atiende a todo el mundo, principalmente los que no tenemos recursos económicos para costear los gastos médicos”, refirió.

Es digno de destacar la resiliencia de la familia, sus esfuerzos por mantenerlo cómodo, y las pequeñas señales de vida que son como un canto de esperanza ante el infortunio. “cada pequeño gesto, parpadeo o leve movimiento es un signo de esperanza ante el dolor y las circunstancias adversas que atraviesa esta familia”, manifestó el Lic. Eliceo Cabrera, jefe de Emergencias Extrahospitalarias de la Fundación Tesãi.

La historia de Cristian nos deja como reflexión y enseñanza que la vida puede cambiar en un segundo, y que a pesar de las dificultades y los pronósticos nunca hay que rendirse y dejar de luchar.

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